El pueblo era encantador, no sólo el primer vistazo había sido positivo sino que con el correr de los días nos gustaba más y más: Sus tiendas con una marcada influencia india, de la que se podían oler a metros los más variados y exquisitos olores a inciensos; sus interminables restaurantes de distintas especialidades, sus bares distribuídos en distintos rincones del pueblo con músicas que se confundían unas con otras, su imponente iglesia, que traía visitantes de todas partes del mundo sólo para conocerla y sobretodo, la gente venía para depejarse del bullicio de la ciudad en sus pequeñas, pero famosas playas, donde se podía llegar solo y salir en compañia de un grupo de amigos.
Lo bueno de estar allí era sentir que se podía salir a caminar o a tomar un café y que algún conocido iba a cruzarse por nuestro camino con seguridad.
Lo malo de estar allí era sentir que se podía salir a caminar o a tomar un café y que algún conocido no deseable de encontrar, iba a cruzarse por nuestro camino con seguridad.
Pero para nosotros, al menos al principio, significaba una ventaja a la hora de buscar trabajo, ya que se podía comentar de boca en boca con los pocos conocidos de ese momento y encontrar así algún empleo sin realizar un mayor esfuerzo.
Nuestra idea, desde el principio fue trabajar como "un medio para un fin" es decir, explorar distintas áreas poco conocidas para poder tener una visión más amplia de lo que queríamos hacer en un futuro.
Así como hay músicos que deciden aprender a tocar distintos instrumentos musicales para ver la función que desempeña cada uno, mi idea, sobretodo, era poder realizar trabajos sin responsabilidad, para, poder dejarlos en cualquier momento en el que me sintiera más fuerte para poder asumir una nueva responsabilidad o cuando surgiera un trabajo en el que realmente sintiera que quería trabajar.
Pero...cuando nos damos cuenta de que lo que tenemos delante es lo que queremos?
A veces, nuestro propio "inconformismo" es el que nos traiciona, nos hace decaer y tomar decisiones impulsivas.