Bajé del tren, hice unos pasos y miré a mi alrededor. Como ya de era de noche, las casas estaban teñidas de un gris oscuro y las luces de las farolas le daban al pueblo un aspecto más romántico. Un aire fresco, y con olor a mar me invadió.
Sola, recorrí sus calles angostas, empedradas, irregulares.

Encontré un hotel que no estaba completo e hice una reserva. Volví a buscarlo a Boo a la estación y, juntos, fuimos al hotel.

- la habitación queda en la última planta, cuarto piso, pero es muy acojedora, incluso tiene una pequeña terraza.
- muy bien, y el ascensor?
- no hay, hay que ir por las escaleras.

Estábamos totalmente agotados, doloridos, sin fuerzas, hambrientos. Pero todavía quedaba un último desafío: subir todos los equipajes por las escaleras.

Una vez cumplida la misión, previa ayuda de el recepcionista del hotel, ya teníamos un nuevo hogar, aunque ese hogar durara sólo tres noches, era nuestro!

Los ojos se cerraron y dormí más profundamente que nunca! bien merecido.